2. El comienzo del principio.

A partir de mis 20,  mi vida cambió. Salí del armario, salí de casa, salí de mi ciudad y cambié de país. Ésta decisión la tomé a los 14 años de edad, cuando vi una película basada en la maravillosa vida de Juana de Arco, me quedé fascinada con su corta vida pasional de tan sólo 19 años.  Así que, me levanté del sofá, fui junto a mi madre, y le dije:

Mami, ya no tendrás que preocuparte por mi. A los 19 años, me voy de casa.

Frase que ella, como es de esperar, la tomó cómo otra idea adolescente. Los años pasaron, y cumplí mi palabra. A los 18 y con mi “mayoría de edad”  empecé a hacer papeles para algo llamado visado.  ¿Visado? Sí. No usé ese término en mi vocabulario hasta ese día. ¿Para qué país? Para un país que sabía tanto de él, cómo del visado,  nada.

Luego de que mi madre me ayudase con casi 8 meses de papeleos, compré mi vuelo, cogí mi maleta, y di un adiós a la primera etapa de mi vida. Con 19 años y una maleta, en un país extraño ¡todo podía pasar! Y pasó. Ahí empecé lo que yo llamo “mi independencia”.

Absolutamente todo era nuevo. Todo lo que hiciese, por simple que fuese, era un comienzo. Después de tres aviones.  Me instalé en un pequeño pueblo, en casa de una amiga de infancia de mi madre. Conseguí empleo, y por suerte  – que de esa tengo mucha, me considero afortunada – di a parar con un jefe encantador, una gran puerta se había abierto en mi vida.

El día de mis 20 cumpleaños, ese mismísimo día, y a primera vista, me enamoré.
Fue mi regalo, allí estaba ella. Melena negra y larga, con unos  ojos inmensos. Fue un mundo nuevo, dentro de todo lo desconocido que estaba viviendo. Mi  jefe y  su familia, compraron una tarta para mí, me habían festejado el cumpleaños, sin más, sin casi conocerme; luego fuimos a un bar, a tomar algo para terminar la noche. ¡Y adivinar! Allí estaba ella ¡La ojazos! Sin duda, ha sido uno de los mejores regalos de cumpleaños que la vida me ha dado.

Todo un mundo nuevo de sensaciones se había apoderado de mis días. Fue simplemente una fantasía echa realidad.

En mi nueva vida todo iba perfecto, me adapté en poco tiempo, me sentía a gusto, conmigo y con lo que me rodeaba. Comprendí lo que era LIBERTAD.

Me formé un nuevo día a día, una nueva rutina, nuevos amigos, nuevo hogar. Todo, a pedir de boca, mi vida.
Obviamente, la historia con la “ojazos”, no paró allí. Por primera vez en mi vida, me puse una nueva tarea, conquistar a una persona.
Persona para la cual, en aquél entonces, el tema “homosexual” era todo un tabú. ¡Todo un reto para una inexperta cómo yo!
No tienen idea de las cosas que hice, y la paciencia que tuve. Yo estaba enamorada, ella ni recordaba mi nombre.

Mis 20, es  un año para recordar con una sonrisa plasmada en mi rostro, siempre.
Sobre todo, por lo que vino a continuación…

Continuará…

  © Saliary Röman

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