3. La primera vez

En un abrir y cerrar de ojos, mis hormonas había renacido de lo más profundo. Brotando de las raíces desconocidas de mi cuerpo. Estaba excitada cómo nunca antes. Todo me hacía sonreír, hasta los días más opacos producían placer, estaba completamente viva.

Enamorada, qué maravilloso es eso. Todo es tan mágico, lo inerte danza, las personas sonríen, la alegría aflora, sientes la belleza, tú cantas.

Yo estaba asustada. La verdad es que nunca había sentido atracción por nadie, ni siquiera por un hombre en la adolescencia, todo era nuevo en mi vida. Me sentía viva por primera vez, y quería más de eso, lo que nunca había tenido.

Ella “la ojazos” era una desconocida que me había llegado por mi cumpleaños. Y yo, su desconocida quería saber todo sobre ella. Me puse a la labor y poco a poco, fui entrando en su vida. Poco a poco la hice parte de mí. Eternas carcajadas compartimos, llegaba a casa pensando en ella, y despertaba pensando en verla. En poco tiempo nos hicimos muy amigas, entrañables, uña y carne. Amistad perfecta.

Conociéndola bien, todo se tornaba anormal en nuestros días, nada era tan sencillo cómo mis deseos querían. Ella tenía pareja desde hacía años y mi experiencia amorosa era nula. Así que mientras yo jugaba a conquistar en silencio, ella jugaba a ser mi hermana mayor. Sí, algo así cómo jugar las cartas: el solitario, de a dos.

Al saber todo de la ojazos, no podía evitar estar ahí siempre. Estaba completamente ida.
Y como era evidente, ella se mostraba cariñosa, pero sólo en respuesta a mi “efusividad”. Ahora la quería, y entre más le conocía más quería de ella, llegó a ser insoportable para mí.
Necesitaba algo más que su generosa amistad. Algo más que su preciosa hetero-vida. Así que, decidí distanciarme, conocer más gente, ampliar mi círculo social, y alejarme de mi rutina; mi rutina que no era otra que, ella. Estaba tan asustada por todo lo que sentía, tenía muchas cosas dentro, y no sabía qué hacer con tanto sentimiento junto. Tanto, en un solo pecho. Tanto, sin ser correspondido.

Hice algo que se me da mejor que las palabras, escribir. Escribí, escribí y escribí. La carta más sincera que haya escrito nunca. Hablé con ella,  le dije que había ciertas cosas que no sabía, y que yo, estaba confundida, necesitaba tiempo para pensar, y espacio para llevar a cabo mis cosas. Le di mi carta, y marché.

Cuando dije tiempo, era con fecha exacta, un par de meses. Y cuando dije espacio, era no verla, llevaba los últimos dos meses durmiendo en su casa. Cada noche después de mi trabajo, iba a buscarla al suyo, y nos íbamos a casa, a la de ella. ¡Eso me estaba matando! Era yo hormonas hecha persona, pasábamos las noches en la misma cama y  ¡tenía que dormir!
¡Me estaba matando!

Cuando las ilusiones se hacen realidad.

Ese par de meses sin los 20 SMS diarios, sin verla despertar y dormir, han sido los dos meses más largos de mi vida. En ese tiempo la vida no pasó volando, los días se multiplicaron.
Aproveché para salir, conocí gente, hice nuevos amigos, tenía nuevos pretendientes. Cambié de vivienda, empecé a compartir piso con una mujer extraordinaria, con la que aún tenemos una buena amistad. Salí y cambié de nuevo esa pequeña vida que había formado.

Cuando volví a verla, yo ya no era tan “virgen”, tan conformista, tan tranquila. Esos dos extensos meses, en vez de relajar mis hormonas, me habían puesto el acelerador. Yo estaba decidida, a contraatacar – atacar por fin-  u olvidarme para siempre del asunto. Pero es que, cuando una se siente así, tan ilusionada, enamorada hasta las venas, sólo cabe una opción.

Deje todas las inseguridades, le llamé, le dije: “Ya estoy lista”. Quedamos en salir esa noche. Mis 20 años y yo, no veíamos la hora, moría de ganas por verla, y temblaba de miedo al rechazo.
Para cubrirme las espaldas, por si acaso, llamé a un amigo, para que viniese conmigo. Así no tendría que estar sola vuelta a casa, cuando el destino me diese la espalda.
Me recuerdo caminando hacia el lugar donde la vi la primera vez, estaba nerviosa, temblaba, excitada al máximo. No sabía dónde poner mis manos, y el corazón tenía vida propia, quería ir caminando él por su cuenta.
Cuando entré al lugar, ella estaba allí, mirando hacia la puerta, esperándome. Si existe cupido, se hizo real en ese momento, yo estaba más que enamorada, y a ella por primera vez, la vi con sus ojos clavados en los míos, de deseo.

Los meses, mi paciencia y mi espacio, merecieron la pena minuto a minuto. Reencuentro perfecto, desde ese fuerte abrazo de bienvenida, hasta despedir a mi amigo.  Todo, hasta los primeros rayos de sol, estaban a nuestro favor.
Iba reconociendo el camino hacia su piso, no podía quitarme la sonrisa de la boca, y ella, con más vivencias que yo, me daba señales de lo que iba a suceder minutos después.

Continuará…

  © Saliary Röman

Anuncios

14 thoughts on “3. La primera vez

  1. Me gusto la historia, la forma en la que escribes tan fluidamente, una historia llena de emociones, de pasión, de sentimientos que van y vienen.

  2. Pues que me trae por aqui.. tu.. y que me ha parecido.. Oh mi dios.. tanta pasion.. tanto sentimiento.. Hace tanto tiempo que no lo sentía y me lo has hecho sentir otra vez, como si hubiera estado ahi, agarrandote la mano yo.. Amiga, me alegra saberte viva, y jugando alegre con ese hermoso fuego que quema y transforma.. me he sentido viejita pues esos sentimientos los tengo guardados ahi, en mi cajita de amores platónicos y actos revolucionarios.. Ahora la vida se trata de contar a mis pequeños cuentos de niños sin que sean cuentos de hadas.. que hay piratas en todo lado pero que eso no es algo bueno.. la vida.. Disfruta estos sentimientos y gracias por compartirlos! xx

  3. Hola Saliary.

    Despues de recorrer tu poesia me he adentrado en tu prosa y me he quedado enganchado. Veras, el amor como sentimiento paso en mi a un plano de comprension que lo hace bastante convivible pero que le mata algo de la pasion de la aventura que supone entrar en el con los ojos vendados… como la primera vez…

    Gracias por haberme llevado a los momentos en los que el mundo adaptaba su movimiento al ritmo de los latidos de mi corazon. Jamas podre agradecertelo.

    PD.- Saliery fue el antagonista de Mozart. Era el musico de camara del rey y los celos por el talento salvaje del niño prodigio le hicieron enloquecer hasta el extremo de que intento acabar con el. Eso si, jamas dejo de admirarle, nisiquiera en lo mas profundo de su odio… y es que odiar es la forma insana de amar.

    Un fuerte abrazo

    Pablo

  4. He llegado a ti gracias a tu “like” y, casualmente, esto ha sido lo primero que he leído. Me ha encantado. Me ha encantado como has expresado con palabras cosas que yo también he vivido y sentido 🙂

  5. bueno, pues ya somos 3, jaja
    Yo también escribo para terapiarme y de paso porque me agrada =)
    Me gustó esta parte, (aún no leo las otras 2 primeras) pero me agradó mucho la descripción de tus emociones porque algo similar he sentido cuando vi a esa mujer que en su momento me cautivó
    ¡que cosas nos presenta la vida!
    Un abrazo!

  6. hola…
    veo que compartimos algo que es la escritura…
    no tengo el dogma de escritor…
    solo lo hago como desahogo de todo…
    Soy de números… esto no se tan bien como a vos
    mis estudios tambien… pero como todo argentino tengo
    la vena de psicologo en mi cabeza… y me gusta escribir para liberarme
    y creo que vos haces lo mismo y veo que te ayudado tambien…
    Nos vemos…. y segui asi…

    Pd: me gusta tu nombre… me hace acordar a un musico… Salieri…

Cuéntame, qué te trae por aquí.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s